EN TU MEMORIA. MI AMADO HIJO ADRIÁN. MI AMOR PURO Y VERDADERO. MI ÁNGEL DE AMOR Y LUZ. ERES AMADO



Nadie más conocerá la Fuerza y el Amor de mi Amor por Ti.Después de todo, eres el único que conoce cómo suena mi corazón desde dentro.
En tu memoria. Mi amado hijo Adrián. Mi amor puro y verdadero. Mi Ángel de Amor y Luz. Eres Amado. Mamá

EN TU MEMORIA AMADO HIJO ADRIÁN TE ENVÍO LUZ Y AMOR

EN TU MEMORIA AMADO HIJO ADRIÁN

TE ENVÍO LUZ Y AMOR


EN TU MEMORIA MÍ AMADO HIJO ADRIÁN.

CLIC AQUÍ: Encienda una vela. Bendiciones

GRACIAS




HIJO MIO ADRIAN. ERES AMADO


GRACIAS A TOD@S POR COMPARTIR

BENDICIONES

����������������



❤❤❤☀❤❤❤☀❤❤☀❤❤Altar en memoria de mi amado hijo Adrián. Te envío Luz y Amor❤☀❤❤☀❤❤❤☀❤❤☀❤❤❤☀❤❤☀❤❤❤


“Perdónate por no saber lo que no sabías antes de aprenderlo

Adrián hijo mío amado, eres Luz y Amor puro y verdadero

La mariposa misma es el cambio, es un ser que mediante un duro esfuerzo atraviesa una larga y lenta metamorfosis para convertirse de oruga a mariposa. La mariposa es entonces un símbolo de evolución, de belleza, de gracia, de la naturaleza y de la vida misma, pasa de arrastrarse en la tierra a tocar el azul del cielo con una sensación de libertad y ligereza, su capacidad de transformación encarna los cambios, evolución y potencialidades del ser.
Bendiciones

Para traducir el Blog a otro idioma

Seguimiento a través de Google

Bendiciones


La Transformación de mi hijo, me esta transformando a mi. Mi Ángel de Amor y Luz. Mi Amor puro y verdadero

Compañeros de ruta: Gracias por compartir

Mostrando entradas con la etiqueta Apoyo en el duelo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Apoyo en el duelo. Mostrar todas las entradas

jueves, 31 de mayo de 2018

Los huérfilos: Cómo poner palabras al dolor de perder a un hijo

SARA LOSANTOS, PSICÓLOGA DE FMLC

En este artículo me gustaría hacerme eco de un reportaje publicado recientemente en el diario El Mundo, donde se hablaba de una petición promovida por un grupo de padres que han perdido a un hijo, a quienes apoyaba un gran número de personajes famosos que han querido prestar su imagen para apoyar su causa.

Este colectivo ha dirigido una carta a la Real Academia de la Lengua Española para solicitar que incluyan una palabra capaz de poner nombre a una condición que no lo tiene o, al menos, no lo tiene en castellano: la condición del padre o la madre cuyo hijo o hija ha muerto. La palabra que ellos proponen para definir esta situación es “huérfilo”y han iniciado una campaña en la plataforma Change.org para recoger firmas que apoyen esta petición.

Poner palabras a la experiencia del duelo

Esta campaña me da pie para hablar de la importancia de poner palabras al dolor que genera la pérdida de un ser querido: no sólo en el caso de padres que han perdido hijos, sino ante cualquier pérdida.
Cada vez nos encontramos con más gente que siente la necesidad de poner palabras a su experiencia. Esto era algo que los psicólogos reclamábamos antes en solitario y ahora es un clamor de toda la sociedad, como bien refleja la crónica de El Mundo. En este contexto, podemos considerar la petición de los “huérfilos” un avance importante, dado que la población empieza a estar sensibilizada con la necesidad de “hablar” del duelo y ponerle palabras a lo inexplicable, frente al tabú de no mencionarlo.
La forma en que cada uno pone palabras al dolor requiere respeto a la diferencia inherente a la unicidad de cada caso, porque lo que es válido y útil para una persona puede no serlo para otra. Más allá del éxito que le deseamos a esta campaña, queremos proponer dos métodos para ayudar a los dolientes a poner palabras al dolor.

Terapia para expresar el dolor

El primero de ellos es la terapia convencional basada en la palabra, que consiste fundamentalmente en crear un espacio protegido donde el individuo se sienta cómodo para expresar lo que siente y poner en palabras su experiencia de pérdida.
La base de esta terapia es la escucha, que permite centrar la atención en los matices de la pérdida de cada uno de los dolientes que se acercan a la terapia.
La terapia permite ser visto, ser reconocido, ser legitimado. La palabra pone límites al dolor porque lo acota y permite el desahogo emocional. Existen distintos tipos de terapia eficaces en el tratamiento del duelo y algunas personas se adaptan mejor a unas que a otras.

La escritura como terapia

Cada uno afronta el duelo de la mejor manera posible. Todos hacemos lo que podemos ante el dolor: hay quien hace más ejercicio y le sirve; hay quien pide que le manden medicacióny le funciona; y hay quien desahoga su dolor escribiendo.
Escriben tanto profesionales de la escritura como aficionados. Algunos llegan a publicar sus materiales y otros no. De entre los que consiguen publicar esos manuscritos, algunos lo viven con una mezcla de pudor y de orgullo, pero todos ellos afirman que les sirvió a modo de terapia y que ponen su experiencia al servicio de otros que estén pasando o vayan a pasar por su misma situación para que les sirva de guía.
Ese fue el caso de Pedro Alcalá, autor de “La mujer que me escucha”, un libro que escribió como homenaje y como parte de su paso por la terapia en la Fundación Mario Losantos del Campo. Su testimonio es un relato desgarrador y salvaje, “sin adornos”, de la que fue su experiencia de pérdida y puede leerse aquí.
Estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda psicológica gratuita, no dudes en consultar nuestra página web:

martes, 29 de mayo de 2018

Cómo superar la muerte de un hijo



El corazón está preparado para separarse de sus padres, nunca de sus hijos.
·         Hoy me toca acompañarte en tu dolor, al sepultar ese cuerpecito que con tanto amor formaste en tu interior: aquel angelito que vendría a hacerte compañía, a enseñarte sobre el amor incondicional y enriquecer tu vida de tantas formas que hoy ya no imaginas. Hoy estoy a tu lado sin tener palabras de consuelo, ¿qué puedo decir para aliviar tu dolor?
·         Pensarás que no lo entiendo, que no sé de lo que hablo porque no he estado en tus zapatos, pero como madre, estoy segura que no hay dolor más grande que el de perder a un hijo. Por casualidades de la vida, me ha tocado conocer historias de mujeres que han sufrido la pérdida de un hijo. De clase alta, media o baja, con o sin educación: no hay nada en su vida capaz de prepararlas para enfrentar dicho momento.
·         En alguna ocasión, estábamos varias mujeres en una reunión de madres para compartir experiencias, consejos y establecer contacto entre nosotras. Decidí conversar con Marcia, casada, madre de 3 hijos, emprendedora, un ejemplo a seguir. En realidad no recuerdo cómo llegamos al tema, pero me contó sobre sus hijos, los nacidos y los no nacidos. Quedé impactada al saber que después de haber perdido cuatro bebés, aún tenía las fuerzas para levantarse cada día, la voluntad para seguir viviendo, la alegría para compartir con sus hijos, la energía para salir adelante, no sólo con su empresa, sino también con su familia. Después de mucho pensarlo, le pregunté cómo lo hacía. Ella me contó sobre algunos pasos que siguió para lidiar con la pena en la que había quedado sumergida. Aquí los comparto ahora contigo:

·         Confía en Dios

·         Él es un ser superior con una visión más amplia que la nuestra, por lo tanto, tiene un motivo para todo lo que hace o permite. Como bien dicen en la iglesia a la que asisto, los bebés que parten de este mundo son como ángeles, que regresan al lado del Creador.

·         Déjate querer

·         No te encierres en tu dolor y permite que quienes te aman se acerquen a ti. La carga es más liviana cuando se tiene con quien compartirla.

·         No busques culpables

·         Lo primero que tendemos a hacer, cuando enfrentamos una situación como esta, es preguntarnos: "¿por qué a mí?". Enseguida comenzamos la búsqueda de culpables, pero eso sólo nos lleva a llenarnos de ira y rabia, lo que nos hace ciegos a lo realmente importante: salir adelante.

·         Llora

·         Deja salir tu sufrimiento, permite que las lágrimas sirvan para limpiar tu corazón de esos sentimientos negativos que te han inundado. Llorar es sano, no guardes tu pena.

Por qué se complica el duelo por un hijo


Una posible respuesta a esta pregunta es que, detrás del duelo no resuelto o cronificado, esté esa idea preconcebida de que un padre no debe sobrevivir a un hijo, que un padre o una madre no tiene derecho a volver a ser feliz después de una pérdida así. Quizás por esto muchos de los padres que han sobrevivido a la muerte de un hijo y lo han superado experimentan un cierto pudor.
Otra posibilidad es que al duelo por la muerte de un hijo se le sumen bloqueos o vacíos que el hijo llenaba; o que la pérdida haya sido muy traumática; o que en ese momento no tenga espacio en el esquema mental de la persona que vive la pérdida la muerte. Porque, en principio, la pérdida de un hijo se puede superar.
Seguiremos hablando de este tema en próximos artículos. Estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda psicológica gratuita, no dudes en consultar nuestra página web:

viernes, 13 de abril de 2018

Cuando un duelo sepulta el dolor por otra pérdida

Cuando una persona pide ayuda para resolver el duelo, lo más natural y habitual es que lo resuelva. Unas veces lo supera de forma espontánea, sin necesidad de ayuda o apoyo, otras veces lo supera gracias a la terapia y en ocasiones a pesar de ésta, pero lo más habitual es que lo resuelva.
Las estadísticas confirman estos datos: estamos preparados para sobrevivir a la pérdida. Pero, aunque es inusual, a veces ocurre que, a pesar de los esfuerzos del doliente y del experto, el proceso se complica y no avanza.

Causas del duelo bloqueado

El estancamiento del proceso de duelo puede deberse a varios factores:
  • 1. El paciente se resiste a afrontar el dolor y lo evita, de manera que perpetúa el duelo. En este caso el experto no puede presionar ni empujar al paciente, sino reflejarlo y esperar a que el propio paciente tome la decisión de avanzar o dejarlo como está. Cada persona tiene derecho a elegir lo que quiere para sí misma.
  • 2. Aunque el paciente desea afrontar el dolor, y a pesar de la pericia del experto, el dolor es tan intenso que abrasa al doliente y el proceso se enquista. Superarlo a veces es una cuestión de paciencia y otras tiene que ver con temas anteriores al duelo que se suman y lo complican.
  • 3. A veces no hay una explicación convincente o clara para el fracaso terapéutico y, a pesar de todo, el proceso fracasa.

Cuando otro conflicto bloquea el duelo

El cuarto factor es que en ocasiones puede ocurrir que, aunque aparentemente el conflicto es el duelo, el conflicto real sea otro distinto, unas veces parecido y otras, completamente diferente. Esto hace que la intervención sobre el conflicto o duelo evidente no reporte mejorías ni produzca avances. Es como un proceso médico en el que la infección parece provenir de un foco cuando, en realidad, el origen es otro.
A veces también ocurre que las cosas no son lo que parecen, damos por sentada la versión que nos da nuestro paciente y, por más que trabajamos, no avanzamos. En esos casos -y antes de valorar que sea un fracaso terapéutico y derivar o dar por finalizada la terapia-, merece la pena plantear si a lo mejor hay un duelo que subyace y del que surge el que estamos tratando.

Casos de duelos sepultados

A lo largo de nuestra práctica profesional, hemos encontrado casos así en terapia. En una ocasión, un hombre solicitó ayuda terapéutica por la pérdida de su mascota cuando, en realidad, la mascota representaba el último regalo que le había hecho su padre antes de morir tres años antes, y cuya pérdida no se había permitido llorar nunca. Ponerle palabras a este descubrimiento hizo que aquel paciente pudiera dolerse por lo que realmente le entristecía y dejar de avergonzarse por estar en duelo por la muerte de su mascota y no haberlo hecho por la pérdida de su padre.
En otra ocasión, una mujer acudió a nuestro servicio de terapia para trabajar el duelo por la muerte de su hijo pero, por más que trabajábamos, el duelo no avanzaba. Rastreando en su historia pudimos descubrir juntas que la sensación de desprotección y vulnerabilidad que sentía obedecía en realidad a la pérdida de su madre, que había fallecido hacía ya cinco años y a quien no pudo llorar porque en ese momento estaba embarazada. Poder poner nombre a lo que le sucedía, poner palabras a su sensación de vulnerabilidad y a su miedo a no poder gestionar los embates de la vida hizo que el proceso se desbloqueara por completo.

La importancia de conocer el contexto del doliente

Habitualmente, una vez que desbloqueamos el punto en el que el duelo ha quedado estancado, el proceso continúa de una manera espontánea sin necesidad de hacer mayores esfuerzos. Por eso, nuestra recomendación es no quedarse en lo aparente y dedicar tiempo a realizar una historia completa, registrando todo el historial de pérdidas del doliente, sin dar por supuesto que la pérdida por la que acude a terapia es la principal.
Estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda psicológica gratuita, no dudes en consultar nuestra página web:

sábado, 7 de abril de 2018

La cicatriz que nos deja el duelo como marca de crecimiento personal

El camino de las lágrimas es, ‘el más duro de los caminos’. El sendero del dolor, del duelo y de las pérdidas.
Jorge Bucay, psiquiatra y psicoterapeuta con una larga y polémica trayectoria en la publicación de obras literarias para el crecimiento personal, habla sobre la experiencia del duelo en su libro El camino de las lágrimas, todo un clásico que no pasa de moda.
El autor nos explica cómo, durante el duelo, vamos conectando con el dolor que nos está causando la pérdida. El inicio de este proceso se caracteriza por la creencia aprendida de que no vamos a soportar un sufrimiento que, muchas veces, es demasiado extremo: ¿Cómo voy a vivir sin mi pareja? ¿Cómo voy a superar la pérdida de mi hijo?
Según el autor, debemos seguir una ruta que nos lleve a la liberación total y definitiva de aquello (persona fallecida, salud, pareja después de un divorcio…) que ya no está, para poder continuar realizándonos como personas. Es decir, el desapego en relación a la persona que nos dejó o aquello que perdimos implicará la aceptación y adaptación a la nueva realidad. Este desapego solamente se producirá si sentimos el dolor durante el duelo, si lo elaboramos activamente y, dándonos tiempo, recorremos una serie de etapas en un camino cuya dureza no podemos evitar.
Al final de este camino, nos daremos cuenta de que la pérdida implica también ganancia: la ganancia en crecimiento personal. Y es que, según el autor, es imposible crecer sin haber sufrido antes, es imposible madurar y sentirse adulto sin haber conectado alguna vez con el vacío interno más profundo, es imposible seguir el camino de la autorealización sin haber pensado en la muerte. Como afirma Bucay: “Es horrible admitir que cada pérdida conlleva una ganancia”. Pero es así.
Al hacer su explicación de las etapas del duelo, Bucay recurre a la metáfora de la sanación natural y saludable de una herida. Esta sanación pasa por diferentes etapas hasta que la herida ya no duele ni sangra porque ha alcanzado su curación. Sin embargo, queda la marca del proceso vivido: la cicatriz. Así, en la sanación de una herida normal se dan las etapas de vasoconstricción, dolor agudo, sangrado, coágulo, retracción del coágulo, reconstrucción tisular y cicatriz. Bucay hace un paralelismo con estas fases para hablarnos de las etapas del duelo:
  • Incredulidad (vasoconstricción). Ante la pérdida la persona cree que no puede ser, que ha habido un error, que está viviendo una pesadilla de la que va a despertar. Piensa que es demasiado pronto, que no estaba previsto… En definitiva se niega la muerte que se ha producido y se la cuestiona, por muy anunciada que estuviese. El afectado no nos escuchará porque está en estado de shock por la noticia inesperada.
  • Regresión (dolor agudo). Una vez superada la incredulidad, el sujeto conecta con el dolor agudo del “darse cuenta” de lo que está sucediendo. Como dice Bucay: “Es como si nos alcanzara un rayo. Después de todos los intentos para ignorar la situación, de pronto nos invade toda la conciencia junta de que el otro murió. Y entonces la situación nos desborda, nos tapa; de repente el golpe emocional tan grande desemboca en una brusca explosión”. Se llama etapa de regresión porque parece que uno regrese a la etapa de la niñez: lloramos, gritamos, pataleamos, decimos cosas sin sentido… En definitiva, explotamos con la sensación de no poder gestionar nuestras emociones, como cuando éramos niños. En esta etapa el afectado todavía no nos escuchará, pues está irracionalmente apresado por sus emociones que lo conectan con el dolor más profundo.
  • Furia (sangrado). Llega una fase de enfado. ¿Con quién? Pues con aquellos que consideramos los responsables de la muerte: el conductor del coche con el que chocó, el cirujano que no lo salvó, el destino que nos lo arrebató, Dios que se lo llevó, el mismo difunto que nos abandonó dejándonos justo ahora que tanto lo necesitábamos… Se busca a un culpable para responsabilizarlo de la muerte del ser querido.
  • Culpa (coágulo). Nos sentimos culpables con aquellos con los que nos hemos enojado en la etapa anterior o con nosotros mismos por no haber podido evitar la muerte: “Lo tendría que haber llevado al médico y me desentendí”, “Si no le hubiese dejado el coche…”. También nos sentimos culpables por aquello que no le dijimos ni hicimos en vida: “No le dije cuánto lo quería”, “No la cuidé lo suficiente”…
  • Desolación (retracción del coágulo). La culpa va en aumento hasta que llegamos a esta fase, la más dura, la de la verdadera tristeza que da nombre al libro de Bucay. Es una tristeza muy dolorosa y destructiva, que nos provoca agotamiento. Aunque no tenemos una depresión, parece que la tengamos pues ha llegado la desolación, la inapetencia y la desesperación más profunda. Nos sentimos impotentes porque ya no podemos hacer nada: el otro murió y no volverá nunca más, nos sintamos como nos sintamos y hagamos lo que hagamos. Aparece el fantasma de la soledad al tener que continuar transitando por los espacios que la persona que murió llenaba y que ahora han quedado vacíos. Un vacío físico que nos lleva a sentir un gran vacío interior y a retraernos para dentro. Cuando acompañamos a alguien que se encuentra en esta etapa, al empatizar, sufrimos con él pues, como afirma el autor, vemos en sus ojos que “algo se ha muerto en ellos”.
  • Identificación y fecundidad (reconstrucción tisular). Llega un momento en el que la persona se da cuenta de que le gustan las espinacas (como le gustaban a ella) cuando antes ni las probaba, que está mirando un partido de futbol (partidos que a él le entusiasmaban) cuando antes no los soportaba… Se trata de una fase en la que el afectado se identifica de alguna manera con el que no está: primero se da cuenta de la cantidad de cosas que tenían en común y, a continuación, se identifica con alguna de ellas. En esta fase, el afectado puede llegar a idealizar transitoriamente algunas características de la persona que murió, pasando más adelante a darse cuenta de esta valoración exagerada de sus virtudes. En ocasiones, esta idealización no termina nunca, aspecto que dificulta la elaboración del duelo. Además después de la identificación, se da una fase de fecundidad, pues la persona transforma el duelo caracterizado únicamente por el dolor en una historia que le da sentido a su propia vida. El afectado empieza a hacer algunas acciones dedicadas a la persona que murió o inspiradas por el vínculo que tuvo con ella y, de esta manera, tiñe a la pérdida de una congruencia y de un valor que antes no era capaz de ver.
  • Aceptación (cicatriz). La persona se recoloca en la vida que sigue, comprendiendo que ella no ha muerto a diferencia de la persona que sí que falleció. Es decir, después de la etapa anterior en la que se identificaba con la persona que murió (él era como yo), pasa a diferenciarse de ella (pero él no era yo). Sin embargo, esta diferenciación implica, a su vez, la integración e interiorización del otro en uno mismo: algo de él quedo en mí y por eso las cosas que viví y aprendí con él siguen vivas en mí. Y es que, como comenta Bucay rememorando las palabras de Lacan: “Uno llora a aquéllos gracias a quienes es”.
Además de describir de manera muy amena las diferentes etapas de este “camino de lágrimas”, Bucay nos habla de otros temas muy interesantes, entre los cuales encontramos el duelo patológico, los diferentes tipos de pérdidas (duelo por viudez, por divorcio, por muerte de un ser querido, etc.), cómo acompañar a la persona que va a morir y cómo gestionar algunas situaciones especiales como el acompañamiento del niño durante el duelo.


martes, 3 de abril de 2018

Trastornos físicos durante el proceso de duelo

No podemos separar el cuerpo de la mente, no son entes divididos que vayan cada uno por su lado. Los seres humanos somos un todo y no podemos atender una parte de nosotros mientras descuidamos la otra. A nivel fisiológico, el duelo supone un estresor a largo plazo, de modo que el proceso psicológico va a venir acompañado de sintomatología y sensaciones a nivel físico, que debemos atender como parte de la atención global que merece el duelo.
En otra entrada de este blog nos referíamos a los trastornos de sueño que puede traer consigo el duelo. Otras complicaciones físicas están relacionadas con la comida, tanto por la aparición de pérdida de apetito como por el aumento de peso. Es muy frecuente que se produzcan pérdidas de peso significativas sin que el doliente haya hecho nada para causarlos, ya que el propio proceso de elaboración del duelo requiere una energía interna tremenda que consume recursos.

Cambios bruscos de peso durante el duelo

Los aumentos o descensos bruscos de peso durante un proceso de duelo pueden estar provocados fundamentalmente por dos motivos:
  • – Por un lado, tras el duro golpe que implica una muerte, puede desarrollarse un desajuste fisiológico que explique los cambios significativos de peso. Cuando tanto el aumento como la pérdida se produce de manera brusca, es recomendable pedir opinión médica.
  • – Por otro lado, puede que la comida esté siendo utilizada como regulador de la emoción. La comida puede usarse como regulador del estado de ánimo, recurriendo a ella en momentos de más ansiedad, o ante alguna emoción en concreto. De la misma manera, durante el proceso de duelo –y sobre todo al principio– no se suele cuidar la alimentación, por lo que es fácil que se tienda a malcomer y a tener horarios muy irregulares, lo que también contribuye al descontrol del peso.

Síntomas físicos del duelo

Durante el duelo, también es frecuente que el doliente experimente un conjunto de sensaciones poco específicas, como dolores difusos, sensación de tensión y agotamiento, dolores de cabeza, complicaciones gástricas… todas ellas relacionadas con el esfuerzo que está haciendo el organismo para afrontar la situación y que son sensaciones normales en la descripción diagnóstica del duelo.
Eso no quiere decir que deban desatenderse o que no haya que hacerles caso. El doliente debe procurarse autocuidado sin alarmarse, dando a esas sensaciones el significado que tienen: son avisos de nuestro cuerpo de que está sucediendo algo complicado de procesar. Y, por lo tanto, debemos atenderlo con cuidado y cariño.

Complicaciones físicas graves del proceso de duelo

Las complicaciones físicas del duelo también pueden ser intensas y complejas. Por ejemplo, pueden darse procesos de ansiedad que incluyan ataques de pánico, mareos y fuertes somatizaciones físicas. La somatización se hace patente cuando no está habiendo una atención adecuada al proceso interno, tanto emocional como cognitivo. Es el recurso que tiene nuestro organismo para llamar la atención de lo que está ocurriendo y no estamos atendiendo. Por este motivo, deberíamos estar más agradecidos que enfurecidos con nuestro cuerpo cuando se resiente, ya que nos esta advirtiendo y, por lo tanto, haciendo un favor.
En el duelo existen muchas situaciones que nos conducen a no atender adecuadamente el propio proceso: el miedo de las personas al contacto con el dolor (lo que les impulsa a evitarlo y a llenar su vida de actividades), reprimir según qué emociones, centrarse más en el proceso de la familia que en el propio, o el miedo a la muerte que se hace real cuando alguien cercano fallece… Todo esto hace que aumente la probabilidad de que el cuerpo se queje.

Escuchar al cuerpo durante el duelo

El duelo, como proceso holístico, incluye subprocesos a todos los niveles: emocional, cognitivo, físico… por lo que no debe extrañarnos que el cuerpo también “tenga voz” durante la elaboración del duelo. Se trata de encontrar la manera de escucharlo y atenderlo.
Por un lado, resulta fundamental el autocuidado más básico en cuanto a necesidades de descanso, alimentación, apoyo y consuelo. Por otro lado, hay que ir escuchando las señales físicas como otra fuente de información del proceso: ¿Estoy atendiendo mi proceso de duelo? ¿Me estoy atendiendo y escuchando? Son preguntas que puede plantearse el doliente, que le ayuden a parar, observarse y escucharse de forma global.
Todas estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda psicológica gratuita, no dude en consultar nuestra página web:

lunes, 2 de abril de 2018

Superar el duelo: ¿Dónde está mi ilusión?

Una preocupación habitual que manifiestan las personas que están atravesando un proceso de duelo tiene que ver con la pérdida de la ilusión y de las ganas de emprender proyectos o actividades, o simplemente fantasear con ellas. Muchos dolientes temen que ya nunca volverán a sentir esta emoción y que van a estancarse en esa sensación de bloqueo o de tristeza que todo lo cubre.
La ilusión va asociada a volver a estar presente en la vida, a interesarse y participar de nuevo como agente activo, pasando del modo automático al consciente. Por eso, la tristeza profunda que trae el duelo en sus momentos más agudos es difícil de combinar con la ilusión, ya que son dos fuerzas contrarias y la tristeza nos lleva hacia dentro: al recuerdo, al repaso, al llanto, al recogimiento.

Las fuerzas que dirigen el duelo

El duelo mezcla muchas emociones: no sólo está presente la tristeza, también el miedola irala culpa. Todas ellas demandan una gran energía. A los dolientes les sorprende el cansancio que sienten, pero es que este trabajo emocional es agotadorEste conjunto de emociones que requieren tanto y que dirigen el foco de nuestra atención hacia dentro, durante mucho tiempo son las que llevan el ritmo y la dirección del proceso.
La ilusión, por el contrario, es una emoción expansiva cuya fuerza se centra en el presente y que permite mirar hacia el futuro. Así, entra en contradicción con la dirección de la tristeza y de otras emociones habituales en el duelo cuando éstas se encuentran en su intensidad máxima.

Las emociones en el duelo

Tras la pérdida de un ser querido, lo que vamos sumando es, por un lado, la tristeza, que nos hace mirar hacia dentro y buscar la sensación de un lugar seguro; por otro lado, aparece el miedo, la inseguridad, que por un tiempo limita nuestra seguridad para dirigirnos hacia lo nuevo. Parece que la propia confusión (o la incertidumbre, que es otra de las caras del miedo) que define el proceso del duelo es suficiente reto.
A su vez, con frecuencia también suelen estar presentes la ira y la culpa, que mantienen al doliente con la atención puesta en el pasado. Hasta que el doliente no puede entregar todas estas emociones (llorarlas, procesarlas, elaborarlas, aceptarlas, ventilarlas, hablarlas, simbolizarlas…) y soltarlas, parece que conectar con la ilusión es difícil o incluso imposible para algunas personas.
Por supuesto, el duelo no es un proceso tan literal ni está organizado en fases, o linealmente: en el duelo todo se mezcla. Pero debemos sentir cierto equilibrio interno para que la ilusión, que es la energía de mirar al futuro con decisión y con intención de participar en él, no suponga una lucha más, sino que pase a formar parte del proceso de forma natural.

La influencia del entorno en el doliente

A veces, la exigencia del entorno y la autoexigencia de la propia persona en duelo hacen que el doliente demande y se obligue a atraer una ilusión que de momento no puede estar presente. Nos resulta difícil confiar en nosotros mismos, en el proceso, así como concedernos tiempo para elaborar las emociones y las experiencias vividas.
Es como si el proceso de duelo obligara al doliente a ir en contra de lo socialmente establecido: ir hacia dentro. Porque la verdad es que sólo cuando el doliente se toma el tiempo y el permiso de profundizar en su interior puede llegar a aceptar y a encontrarse de nuevo con una serenidad suficiente que le permita conectar con la ilusión.

El duelo y la culpa

En otros casos, las pequeñas ilusiones son rechazadas bajo una culpa que parece decirle al doliente que no tiene permiso para sentirse bienEn el día a día, en las pequeñas cosas, es donde quizá nos jugamos lo más importante. Como psicóloga, considera que ni la ilusión ni la aceptación se ganan en grandes batallas ni en grandes momentos, sino que es algo que tiene que ver con el día a día, pero que viene de una intención consciente, originada en valores profundos.
Cuando el doliente se abre a poder aceptar pequeñas ilusiones o proyectos, se produce el mismo efecto que cuando lanzamos una piedra al agua: se generan unas ondas que abarcan mucho más que el espacio que ha cubierto la piedra. Esas pequeñas ilusiones o pequeños momentos de inmersión en la vida que ponemos en el día a día suponen un efecto de intención mayor. Es como si, en esos pequeños momentos, aunque no lo parezca, estuviéramos respondiendo poco a poco a las grandes preguntas de la vida, a esas que quedan en interrogante cuando fallece alguien que queremos.
Todas estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda gratuita, no dude en consultar nuestra página web: