Perder a un hijo es un dolor indescriptible. Extrañar a alguien que ha fallecido es como una herida que nunca cicatriza, una ausencia que pesa mucho en el corazón.
Hoy, el dolor de la nostalgia se mezcla con la certeza de que estás en un lugar mejor.
Pronto sería tu cumpleaños y siento tu ausencia más que nunca.
Muchos pensamientos sobre ti me hace sonreír y me recuerdan todo lo bonito que dejaste en mi vida.
Hoy mi alma te llora, pero también te celebra: fuiste un regalo irrepetible.
Gracias a ti, honrando tu memoria aprendo a vivir con más alegría, a aprovechar cada instante y a dejar huella en los demás, tal como tú lo hiciste conmigo.
Tu amor no se fue contigo. Vive en mi forma de amar, de recordar, de seguir.
Extraño tu risa, tu voz, tu amor, tu cariño, tu compañía, a ti.
El cielo ganó un alma noble, y yo una ausencia imposible de llenar.
Ahora, en el cielo vive alguien que fue mi hogar, mi paz y mi alegría.
Por mucho que pase el tiempo, tu amor hijo amado , sigue floreciendo en mi corazón.
En el duelo, se encuentra la fortaleza que ni siquiera sabíamos que teníamos.
El duelo es una forma de honrar la vida y el amor que compartimos.
El tiempo no cura todo, pero nos enseña a vivir con la pérdida.
Me permito encontrar la paz en medio del dolor, porque el amor nunca desaparece.


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