HONRO TU MEMORIA. MI AMADO HIJO ADRIÁN. MI AMOR PURO Y VERDADERO. MI ÁNGEL DE AMOR Y LUZ. ERES AMADO


Nadie más conocerá la Fuerza y el Amor de mi Amor por Ti, después de todo, eres el único que conoce cómo suena mi corazón desde dentro.
Honro tu memoria, mi amado hijo Adrián, mi amor puro y verdadero.
Mi Ángel de Amor y Luz.

Estás en mi corazón, en mi alma. Eres Amado siempre.

Mamá

HONRO TU MEMORIA AMADO HIJO ADRIÁN TE ENVÍO LUZ Y AMOR

HONRO TU MEMORIA, AMADO HIJO ADRIÁN
Hijo mío te estoy recordando
La palabra "recordar" viene del latín, "recordar", formando re (de nuevo) y cordis (corazón) ❤Recordar quiere decir mucho más que tener a alguien presente en la memoria.
Significa "volver a pasar por el corazón" ❤Si yo te digo hijo mío, que te estoy recordando, te estoy diciendo que te estoy volviendo a pasar por mi corazón.

En todo el mundo, el encender una vela es un gesto sagrado

EN TU MEMORIA MÍ AMADO HIJO ADRIÁN.

COMENZAR: ENCENDER VELAS

GRACIAS

BENDICIONES

GRACIAS A TOD@S POR COMPARTIR

HIJO MIO ADRIAN. ERES AMADO

Te envío Luz y Amor. Eres amado siempre.

BENDICIONES

❤☀❤☀❤☀❤❤❤☀❤☀❤☀❤

“Perdónate por no saber lo que no sabías antes de aprenderlo

Adrián hijo mío amado, eres Luz y Amor puro y verdadero.

La mariposa misma es el cambio, es un ser que mediante un duro esfuerzo atraviesa una larga y lenta metamorfosis para convertirse de oruga a mariposa. La mariposa es entonces un símbolo de evolución, de belleza, de gracia, de la naturaleza y de la vida misma, pasa de arrastrarse en la tierra a tocar el azul del cielo con una sensación de libertad y ligereza, su capacidad de transformación encarna los cambios, evolución y potencialidades del ser.


Bendiciones

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La Transformación de mi hijo, me esta transformando a mi. Mi Amor puro y verdadero. Mi Ángel de Amor y Luz.

domingo, 20 de enero de 2019

El secreto de la muerte por Khalil Gibran



Queréis saber el secreto de la muerte

¿Pero cómo habéis de encontrarla a menos que la busquéis en el corazón de la vida?
El mochuelo, cuyos ojos atados a la noche son ciegos en el día, no puede descubrir el misterio de la luz.

Si queréis, en verdad, contemplar el espíritu de la muerte, abrid de par en par vuestro corazón en el cuerpo de la vida.

Porque la vida y la muerte son una, así como el río y el mar son uno también.
En el arcano de vuestras esperanzas y anhelos descansa vuestro conocimiento silencioso del más allá.

Y, como las semillas durmiendo bajo la nieve, vuestro corazón sueña con la primavera.
Confiad en los sueños porque en ellos el camino a la eternidad está oculto.
Vuestro temor no es más que el estremecimiento del pastor cuando está en pie frente al rey, cuya mano va a ponerse sobre él como un honor.

¿No está, tal vez, contento el pastor, bajo su temor, de llevar la marca del rey?
¿No le hace eso, sin embargo, más consciente de su temblor?
Porque, ¿qué es morir sino erguirse desnudo?
Y ¿qué es dejar de respirar sino el liberar el aliento de sus inquietos vaivenes para que pueda elevarse y expandirse y, ya sin obstáculos, buscar a Dios?
Sólo cuando bebáis el río del silencio cantaréis de verdad.
Y, cuando hayáis alcanzado la cima de la montaña es cuando empezaréis a ascender.
Y cuando la tierra reclame vuestros miembros es cuando danzaréis de verdad.
Una vez discernidos todos los misterios de la vida, desearás la muerte, porque la muerte no es sino otro misterio de la vida.
khalil Gibran

Ser Madre



Khalil Gibran escribió “Madre, es la palabra más bella pronunciada por el ser humano”.
¿Por qué, a quienes no tenemos ya la presencia de nuestra madre, hay ocasiones en las que se nos llenan los ojos de lágrimas al recordarla? ¿Será porque consciente o inconscientemente recordamos su presencia, su voz, su mirada, o sus dulces brazos al arrullarnos cuando estábamos pequeños? ¿O será por esa capacidad de estar siempre a nuestro lado para consolarnos y entendernos en los momentos más difíciles? 
Es cierto, no existe la madre perfecta, pero hay un millón de maneras de ser una buena madre. Enumerar todas las cualidades, valores y virtudes que tienen las madres sería sumamente difícil.

Por eso de entre tantas cualidades como su enorme capacidad de perdón, su fortaleza ante la adversidad y la sabiduría que manifiestan ante las crisis, hoy quiero enfatizar dos virtudes más que las hacen grandes: Su capacidad de adaptación y su amor desmedido y desinteresado.
Primeramente, permítanme decirles por qué reconozco en ustedes la capacidad de adaptación: Por la forma como saben detectar las grandes diferencias entre un hijo y otro.

Usted como madre entiende, señora bonita, que cada hijo es diferente y usted sabe cambiar sus estrategias para tratar a cada uno de ellos. Y esto me recuerda ese reclamo que a veces se escucha en alguno de los hijos: “¡Mamá, tú quieres más a mi hermano! ¡Se nota que es tu favorito porque siempre estás al tanto de él!” Pero qué errados estábamos o estamos. Una madre quiere por igual a todos sus hijos, pero sus atenciones varían dependiendo de la realidad que vive cada uno de ellos. Me recuerda una reflexión que leí hace mucho tiempo. Se llama “El hijo predilecto”.

“En cierta ocasión preguntaron a una madre cuál era su hijo preferido; aquel a quien más profundamente amaba. Y ella, dejando entrever una sonrisa, respondió:
“Mi hijo predilecto, es aquél a quien me dedico en cuerpo y alma;
es mi hijo enfermo, hasta que sane; el que partió, hasta que vuelva;
el que está cansado, hasta que descanse;
el que tiene hambre, hasta que pueda alimentarse;
el sediento, hasta que beba;
el que está estudiando, hasta que alcance su meta;
el que no encuentra trabajo, hasta que se emplee;

el enamorado, hasta que se case;
el casado, hasta que tenga hijos;
el que es padre, hasta que pueda hablar como ahora yo hablo;
el que prometió, hasta que cumpla;
el que debe, hasta que pague;
el que llora, hasta que sonría;
y el que me abandonó... hasta que regrese.”
Los padres quieren a sus hijos en plenitud, aunque de manera distinta en cada época y momento, según sus necesidades.

Reconozco también, ese amor desmedido que expresan en palabras y acciones. Leí una frase que dice: “Cuando se es madre, nunca se está sola en sus pensamientos. Una madre siempre deber pensar por doble: una vez por ella y otra por su hijo”.
“Una madre es una persona que al ver que sólo quedan cuatro trozos de pastel de chocolate, habiendo cinco personas, es la primera en decir que nunca le ha gustado el chocolate o que no tiene hambre”.
Jamás en la vida, jamás, en nadie encontraremos amor más sincero, más desinteresado, más profundo, tierno y verdadero que el amor de una madre. Es un amor sin dudas, es un amor total, entregado sin límites, sin esperar recompensa, sin importar sacrificios. Un amor que nace desde la profundidad de su vientre y se hace vida y se difunde más allá de la muerte.
Por supuesto que el amor de una madre tiene mucho del amor de Dios. Porque Nunca se extingue, al contrario, arde siempre y se aviva con el viento de los años; es una llama continua que ilumina el camino de sus hijos colmándolos de dulzura desde que los concibe en su vientre.

El amor de una madre, es el único amor con el que siempre podremos contar, al que siempre podremos recurrir, del que todo lo podemos esperar y el que nunca podremos olvidar. Después del amor de Dios, estoy seguro que no tenemos otro amor más sincero que el amor de madre.

Los Hijos

Y una mujer que abrazaba a un bebé contra el pecho dijo, «Háblenos de los Hijos».
Y él dijo:
Sus hijos no son suyos.
Son los hijos del anhelo de la Vida de sí misma.
Vienen por ustedes pero no de ustedes,
Y aunque están con ustedes, ustedes no los poseen.
Pueden darles su amor pero no sus pensamientos.
Porque ellos tienen sus propios pensamientos.
Ustedes pueden alojar sus cuerpos pero no sus almas.
Porque sus almas viven en la casa del día que viene, la cual ustedes no pueden visitar, ni siquiera en los sueños.
Ustedes pueden esforzarse por ser como ellos, pero no se esfuercen para que ellos sean como ustedes.
Porque la vida no va atrás ni se demora con el ayer.
Ustedes son los arcos de los cuales sus hijos como flechas vivas son enviados.
El arquero ve el blanco en el paso del infinito, y Él los dobla a ustedes con su fuerza para que sus flechas vayan rápidamente y lejos.
Que su torción en la mano del arquero sea por alegría;
Porque mientras Él ama a la flecha que vuela, también ama el arco que es estable.

El Profeta

miércoles, 16 de enero de 2019

Sobre el amor

Lo que convencionalmente llamamos “amor” es una estrategia del ego para evitar rendirse. Estás buscando a alguien para que te dé eso que sólo puede venirte en el estado de rendición. El ego utiliza a esa persona como un sustituto para no tener que rendirse. El idioma español es el más honesto a este respecto. Utiliza el mismo verbo ‘querer’, para decir “te amo” y “te quiero”. Para el ego, amar y querer (desear) son lo mismo, mientras que el amor verdadero no tiene ningún deseo, ningún deseo de poseer o que tu pareja cambie. El ego escoge a alguien y lo hace especial. Utiliza a esa persona para tapar el constante sentimiento subyacente de descontento, de “no suficiente”, de ira y odio, que están estrechamente relacionados entre sí. Estas son facetas de un sentimiento profundamente arraigado subyacente en los seres humanos, que es inseparable del estado egoico.

Cuando el ego escoge algo y dice “yo amo” esto o aquello, es un intento inconsciente de ocultar o eliminar los sentimientos profundos que siempre acompañan al ego: el descontento, la infelicidad, la sensación de insuficiencia que es tan familiar . Por un tiempo, la ilusión realmente funciona. Pero entonces, inevitablemente, en algún momento, la persona que has elegido, o has hecho especial a tus ojos, deja de funcionar como una tapadera para tu dolor, el odio, el descontento o la insatisfacción que tienen su origen en la sensación de insuficiencia y de sentirse incompleto. Entonces, surge la sensación que estaba oculta, y se proyecta sobre la persona que había sido elegida y hecha especial – quien pensabas que en última instancia iba a “salvarte”. De repente, el amor se convierte en odio. El ego no se da cuenta de que el odio es una proyección del dolor universal que sientes dentro. El ego cree que esta persona es la causa del dolor. No se da cuenta de que el dolor es el sentimiento universal de no estar conectado con el nivel más profundo de tu ser – no ser uno con uno mismo.
El objeto del amor es intercambiable, tan intercambiable como el objeto del deseo egoico. Algunas personas pasan por muchas relaciones. Se enamoran y desenamoran muchas veces. Aman a una persona por un tiempo hasta que ya no funciona, porque ninguna persona puede de forma permanente ocultar ese dolor.

Sólo la rendición puede darte lo que estabas buscando en el objeto de tu amor. El ego dice que la rendición no es necesaria porque amo a esta persona. Es un proceso inconsciente, por supuesto. En el momento en que aceptas completamente lo que es, algo dentro de ti emerge que había sido ocultado por el deseo del ego. Es una paz innata que mora en el interior, quietud, vitalidad. Es lo incondicionado, lo que eres en tu esencia. Es lo que habías estado buscando en el objeto de amor. Es tú mismo. Cuando esto sucede, un tipo completamente diferente de amor está presente, que no está sujeto al amor/odio. No elige a una cosa o una persona como algo especial. Es absurdo incluso usar la misma palabra para eso. Ahora bien, puede suceder que, incluso en una relación normal amor/odio, de vez en cuando, introduces el estado de rendición. Temporalmente, brevemente, sucede: experimentas un profundo amor universal y una plena aceptación que a veces puede brillar a través, incluso en una relación egoica. Sin embargo, si la rendición no continúa, se cubre de nuevo con los viejos patrones egoicos. Por lo tanto, no estoy diciendo que el verdadero amor profundo no se pueda presentar de vez en cuando, incluso en una relación normal de amor/odio. Pero es raro y por lo general de corta duración.
Siempre que aceptas lo que es, algo más profundo emerge en ese instante. Así, puedes quedar atrapado en el dilema más doloroso, externo o interno, en los sentimientos o situación más dolorosos, y en el momento en que aceptas lo que es, vas más allá de ellos, los trasciendes. Incluso si sientes odio, en el momento en que aceptas que esto es lo que sientes, lo trasciendes. Todavía puede estar ahí, pero de repente estás en un lugar más profundo donde nada de eso importa ya.
Eckhart Tolle

Ausencia del ego

La mayoría de las personas experimentamos momentos de ausencia del ego. Quienes sobresalen verdaderamente en lo que hacen pueden trabajar casi completamente liberados del ego. Quizás no lo sepan, pero el trabajo se convierte para ellos en una práctica espiritual. La mayoría de ellos están presentes mientras realizan su trabajo y vuelven a un estado de inconciencia relativa en su vida privada.
Eso significa que su Presencia se limita transitoriamente a un aspecto de sus vidas.
He conocido maestros, artistas, enfermeros, médicos, científicos, trabajadores sociales, meseros, dueños de empresa y vendedores que realizan su trabajo admirablemente sin buscar retribuciones egoístas y respondiendo plenamente a cualquier cosa que el momento les exija. Son uno con lo que hacen, uno con el Ahora, uno con las personas a quienes sirven o con las actividades que realizan. La influencia que esas personas ejercen sobre los demás va mucho más allá de su función. Hacen que se empequeñezca el ego de todas las personas que entran en contacto con ella. Hasta quienes poseen egos pesados a veces aflojan, bajan la guardia y dejan de representar sus personajes cuando se relacionan con esas personas. 
No sorprende que quienes abandonan su ego mientras trabajan tienen un éxito extraordinario en lo que hacen. Todas las personas que trabajan en la unicidad contribuyen a construir la nueva tierra.
También he conocido a muchas personas que son técnicamente buenas en lo que hacen pero cuyo ego interfiere permanentemente en su trabajo. Solamente ponen una parte de su atención en lo que hacen, mientras que la otra parte está fija en sí mismas. Su ego les exige reconocimiento personal y desperdician energía en resentimientos cuando no reciben suficiente (y nunca nada les basta). “¿Esa otra persona ha recibido más reconocimiento que yo?” O tienen su atención puesta en el dinero o el poder, y su trabajo no es más que un medio para esa finalidad.
El trabajo que se convierte solamente en un medio para alcanzar una finalidad, no puede ser de alta calidad. Cuando surgen obstáculos o dificultades, cuando las cosas no marchan según lo previsto, cuando otras personas o circunstancia no ayudan o cooperan, en lugar de estar en unidad con la nueva situación y responder a las exigencias del momento presente, reaccionan contra la situación y, por tanto, se separan de ella. Hay un “yo” que se siente personalmente ofendido o resentido, y es enorme la cantidad de energía que se quema en protestas o enojos, la cual podría utilizarse para resolver la situación si el ego no la estuviera desperdiciando. Lo que es más, esta “antienergía” crea obstáculos nuevos y más oposición. Muchas personas son realmente su propio peor enemigo.
Muchas personas, sin saberlo, sabotean su propio trabajo cuando retienen información o ayuda, o tratan de obstaculizar a las demás personas para impedir que tengan más éxito o reciban más crédito que “yo”. La cooperación es ajena al ego, salvo cuando hay una motivación oculta. El ego no sabe que mientras más incluye a los demás, mejor fluyen las cosas y más fácilmente recibe todo lo que anhela.
Cuando damos poca o ninguna ayuda a los demás o levantamos obstáculos en su camino, el universo, a través de las personas y de las circunstancias, nos priva de ayuda al habernos desconectado del todo. El sentimiento de carencia que se anida en las profundidades del ego le hace reaccionar frente al éxito de los demás como si ese éxito “me lo hubieran arrebatado a mí”. No sabe que resentir el éxito de los demás limita sus propias posibilidades.

A fin de atraer el éxito 
es necesario acogerlo donde quiera que ocurra.
Eckhart Tolle, “Una Nueva Tierra”

El propósito interno

Mientras no tenga consciencia del Ser, usted buscará significado solamente en la dimensión del hacer y del futuro, es decir, en la dimensión de tiempo. Y todo significado o toda realización que usted encuentre en esa dimensión se disolverá o demostrará no ser más que una ilusión. El tiempo terminará por destruirlo indefectiblemente. Todo significado que encontremos en ese plano es verdadero solamente en términos relativos y temporales.

Por ejemplo, si ver por sus hijos le da significado a su vida, ¿Qué sucederá con ese significado cuando ellos ya no necesiten de usted y quizás ni siquiera deseen escuchar lo que usted tiene que decir? Si le encuentra importancia a la vida ayudando a los demás, dependerá de que otras personas estén en peores circunstancias que las suya para que su vida continúe teniendo significado y usted pueda sentirse a gusto consigo mismo. Si sobresalir, triunfar o tener éxito en esto o aquello le proporciona significado, ¿Qué pasará si nunca llega a triunfar o si algún día se termina su racha de buena suerte? Tendría entonces que recurrir a su imaginación o a sus recuerdos, los cuales le proporcionarán apenas un significado pobre e insatisfactorio a su vida. Triunfar en cualquier campo tiene importancia siempre y cuando haya miles o millones de personas que no hagan lo mismo. Por consiguiente, es preciso que otros seres humanos “fracasen” para que su vida pueda tener significado.
No estoy diciendo que ayudar a los demás, ver por sus hijos o aspirar a la excelencia en cualquier campo no merezca la pena. Para muchas personas, son un aspecto importante de su propósito externo, pero éste por sí solo siempre es relativo, inestable y transitorio. Pero no significa que usted deba abstenerse de hacer todas esas cosas. Significa que debe conectarlas con su propósito primario interno, de tal manera que pueda imprimir un significado más profundo a todo lo que haga.
Cuando no vivimos en consonancia con nuestro propósito primario, cualquiera que sea el propósito que tengamos en la vida, aunque sea crear el cielo en la tierra, provendrá del ego o sucumbirá con el tiempo. Tarde o temprano, llevará al sufrimiento. Si usted desconoce su propósito interno, todo lo que haga, aunque parezca espiritual, llevará la marca del ego y, por tanto, acabará por corromperse. El dicho de que “el camino al infierno está sembrado de buenas intenciones” apunta a esa verdad. En otras palabras, no son las metas, ni los actos los que son primordiales sino el estado de consciencia del cual emanan. Alcanzar el propósito primario equivale a sentar las bases para una nueva realidad, una nueva tierra. Una vez construidos esos cimientos, el propósito externo se carga de poder espiritual porque las metas y las intenciones se funden con el impulso evolutivo del universo.
La separación entre el pensamiento y la consciencia, que es el centro del propósito primario, sucede cuando negamos el tiempo. Claro está que no nos referimos a la aplicación práctica del tiempo como concertar una cita o planear un viaje. No nos referimos al tiempo del reloj, sino al tiempo psicológico, es decir, al hábito afianzado de la mente de buscar la plenitud de la vida en el futuro donde no es posible hallarla y haciendo caso omiso de la única puerta de acceso a ella: el momento presente.
Cuando consideramos que lo que somos o hacemos es el propósito principal de nuestra vida, negamos el tiempo. Esto proporciona un poder inconmensurable. Negar el tiempo en lo que hacemos también crea la conexión entre el propósito interno y el externo, entre el Ser y el hacer. Cuando negamos el tiempo, negamos el ego. Todo lo que hagamos tendrá una calidad extraordinaria porque el hacer mismo se concierte entonces en el canal a través del cual penetra la consciencia en el mundo. Esto significa que hay calidad en lo que hacemos, hasta en las cosas más insignificantes, como voltear las páginas del directorio telefónico o cruzar una habitación. El propósito principal de volear las páginas es voltear las páginas; el propósito secundario es hallar el número de teléfono. El propósito principal de cruzar la habitación es cruzar la habitación; el propósito secundario es tomar el libro que está el otro lado, y tan pronto como se toma el libro, éste se convierte en el propósito principal.
Quizás usted recuerde la paradoja del tiempo a la cual hicimos referencia anteriormente: todo lo que hacemos consume tiempo y, no obstante, siempre lo hacemos en el ahora. Entonces, si bien nuestro propósito interno es negar el tiempo, el propósito externo se relaciona necesariamente con el futuro y no podría existir sin el tiempo, pero siempre secundario. Cada vez que sentimos angustia o tensión es porque otro propósito se ha adueñado de nosotros y hemos perdido de vista nuestro propósito interno. Hemos olvidado que lo primario es nuestro estado de consciencia y que todo lo demás es secundario.
Eckhart Tolle- Una Nueva Tierra

El florecer de la consciencia humana

La Tierra, hace 14 millones de años, un día poco después de despuntar el alba: la primera flor en existir sobre el planeta abre sus pétalos para recibir los rayos del sol. Con anterioridad a ese suceso extraordinario que anuncia la transformación evolutiva de la vida vegetal, el planeta había estado cubierto de vegetación durante millones de años. Es probable que la primera flor no hubiera sobrevivido por mucho tiempo y que las flores hubieran seguido siendo fenómenos raros y aislados, puesto que las condiciones seguramente no eran favorables para una florescencia generalizada. Sin embargo, un día se llegó al umbral crítico y súbitamente debió producirse una explosión de colores y aromas por todo el planeta, de haber habido una consciencia con capacidad de percepción para presenciarla.

Mucho tiempo después, esos seres delicados y perfumados a los cuales denominamos flores desempeñarían un papel esencial en la evolución de la consciencia de otras especies. Los seres humanos se sentirían cada vez más atraídos por ellos. Seguramente, a medida que la consciencia humana se fue desarrollando, las flores pudieron ser la primera cosa que los seres humanos valoraron sin que representaran un valor utilitario para ellos, es decir, sin que tuvieran alguna relación con su supervivencia. Sirvieron de inspiración para un sinnumero de artistas, poetas y místicos. Jesús nos dice que contemplemos las flores y aprendamos a vivir como ellas. Se dice que Buda pronunció una vez un “sermón silencioso” mientras contemplaba una flor. Al cabo de un rato, uno de los presentes, un monje de nombre Mahakasyapa, comenzó a sonreir. Se dice que fue el único que comprendió el sermón. Según la leyenda, esa sonrisa (la realización) pasó a veintiocho maestros sucesivos y mucho después se convirtió en el origen del Zen.
La belleza de una flor pudo arrojar un breve destello de luz sobre la parte esencial más profunda del ser humano, su verdadera naturaleza. El momento en que se reconoció por primera vez la belleza fue uno de los más significativos de la evolución de la consciencia humana. Los sentimientos de alegría y amor están intimamente ligados con ese reconocimiento. Sin que nos diéramos cuenta, las flores se convertirían en una forma de expresión muy elevada y sagrada que moraría dentro de nosotros pero que no tendría forma.Las flores, con su vida más efímera, etérea y delicada que la de las plantas de las cuales nacieron, se convertirían en especie de mensajeras de otro plano, un puente entre el mundo de las formas físicas y de lo informe. Su aroma no solamente era delicado y agradable para los sentidos, sino que traía una fragancia desde el plano del espíritu. Si utilizamos la palabra “iluminación” en un sentido más amplio del aceptado convencionalmente, podríamos pensar que las flores constituyen la iluminación de las plantas.
Cualquiera de las formas de vida de los distintos reinos (mineral, vegetal, animal o humano) pasa por la “iluminación”. Sin embargo, es algo que sucede muy rara vez puesto que es más que un paso en la evolución: también implica una discontinuidad de su desarrollo, un salto hacia un nivel completamente diferente del Ser, acompañado, en lo que es más importante de una disminución de la materialidad.
¿Qué podría ser más denso e impenetrable que una roca, la más densa de todas las formas? No obstante, algunas rocas sufren cambios en su estructura molecular, convirtiéndose en cristales para dar paso a la luz. Algunos carbonnes se convierten en diamantes bajo condiciones inconcebibles de calor y de presión, mientras que algunos minerales pesados se convierten en piedras preciosas.
La mayoría de los reptiles rastreros, los más íntimamente unidos a la tierra, han permanecido iguales durante millonnes de años. sin embargo, algunos otros desarrollaron plumas y alas para convertirse en aves, desafiando la fuerza de la gravedad que los había mantenido sujetos al suelo durante tanto tiempo. No aprendieron a reptar o a andar mejor, sino que transcendieron totalmente esos dos pasos.
Desde tiempos inmemoriales, las flores, los cristales, las piedras preciosas y las aves han tenido un significado especial para el espíritu humano. Al igual que todas las formas de vida, son, lógicamente, manifestaciones temporales de la Vida y la Consciencia. Su significado especial y la razón por la que los seres humanos se han sentido fascinados y atraídos por ellas pueden atribuirse a su cualidad etérea.
Cuando un ser humano tiene cierto grado de Presencia, de atención y alerta en sus percepciones, puede sentir la esencia divina de la vida, la consciencia interior o el espíritu de todas las criaturas y de todas las formas de vida y reconocer que es uno con esa esencia y amarla como a sí mismo. Sin embargo, hasta tanto eso sucede, la mayoría de los seres humanos perciben solamente las formas exteriores sin tomar consciencia de su esencia interior, de la misma manera que no reconocen su propia esencia y se limitan a identificarse solamente con su forma física y psicológica.
Sin embargo en el caso de una flor, un cristal, una piedra preciosa o un ave, hasta una persona con un grado mínimo de Presencia puede sentir ocasionalmente que en esa forma hay algo más que una simple existencia física, aún sin comprender la razón por la que se siente atraída y percibe una cierta afinidad por ella. Debido a su naturaleza etérea, esa forma oculta menos el espíritu interior que otras formas de vida. La excepción de esto son todas las formas recién nacidas como los bebés, los cachorros, etc, son frágiles, delicados y no se han establecido firmemente en la materialidad. De ellos emana todavía inocencia, dulzura y una belleza que no es de este mundo. Son un deleite para los seres humanos relativamente insensibles.
Así que cuando contemplamos conscientemente una flor, un cristal o un ave sin decir su nombre mentalmente,  se convierte en una ventana hacia el mundo de lo informe. Podemos vislumbrar algo del mundo del espíritu. Es por eso que  estas tres formas “iluminadas y aligeradas” de vida han desempeñado un papel tan importante en la evolución de la consciencia humana desde la antiguedad; es la razón por la cual la joya de la flor de loto es un símbolo central del budismo y la paloma, el ave blanca, representa al Espíritu Santo en el cristianismo. Han venido abonando el terreno para un cambio más profundo de la consciencia planetaria, el cual debe manifestarse en la especie humana. Es el despertar espiritual que comenzamos a presentar ahora.
“Una nueva tierra” Eckhart Tolle

sábado, 12 de enero de 2019

Amado hijo Adrián

Sin duda alguna. El Amor es más fuerte que la muerte. Mi hijo transito a un lugar de amor y Paz. Nos volveremos a encontrar. Bendiciones.

El duelo por mi hijo Adrián


El duelo es sobre todo un viaje de introspección, porque lo que hay fuera ya no nos vale y sabemos que solo vamos a encontrar a nuestro ser amado dentro,