No tienes que ser el mejor, sólo tienes que ser tú mismo.
Sólo tienes que ser real y hablar desde el corazón.
Y saber que tienes el derecho de ver como ves, y pensar como piensas, y sentir lo que sientes, y desear lo que deseas.
No tienes que ser un éxito ante los ojos del mundo, y no tienes que ser un experto.
Sólo
tienes que ofrecer lo que ofreces, respirar como respiras, cometer
errores y estropearlo todo y aprender a amar tus tropiezos y decir lo
incorrecto y dejar de preocuparte tanto por impresionar a nadie, porque
al final sólo tienes que vivir contigo mismo.
Y la alegría no es
dada sino hallada en las hendiduras más profundas de tu ser, de modo que
pueda haber alegría al caer, y alegría al cometer errores, y alegría al
hacer el ridículo, y alegría al olvidar la alegría, y luego sostenerte a
ti mismo a medida que te desplomas en el suelo y lloras por los viejos
sueños.
Alegría es intimidad, con aquel que amas: Tú.
No tienes que ser el mejor. No tienes que vencer.
Sólo
tienes que recordar esta intimidad con el cielo, la cercanía de las
montañas y sentir el calor del sol en tu cara, y saber que estás vivo, y
que eres un éxito, y victorioso, sin tener que probar una maldita cosa.
Jeff Foster

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