Nunca entendiste la vida porque así se suponía que debía de ser. Estabas destinado a vivir, a vivir sus muchas paradojas…
Cuanto
más das sin ninguna expectativa, más recibes a cambio. Cuanto menos te
preocupas, cuanto más sueltas los resultados, más cuidas y amas el
viaje. Cuanto más puedas ser tú mismo, menos necesidad tienes de
aferrarte a un yo.
Cuanto
más espacio les ofrezcas a los pensamientos, menos serás controlado por
ellos, y cuanto más profundamente lo hagas, mejor comprenderás que no
eres el pensador.
El amor no es lo que consigues, es lo que eres.
La iluminación no es un destino, es la luz que ilumina el camino. A
veces un ‘no’ es un SÍ masivo a la vida. A veces tienes que fallar, y
caer, para sentir que has tenido éxito al ponerte de pie. Eso que tanto
anhelas, es lo único que no puede ser encontrado, porque ya está aquí,
en el corazón de ese mismo anhelo.
Cuanto más conoces la muerte,
más conoces la vida. Cuanto más huyes de la muerte, menos vivo te
sientes. Tienes que volverte como un niño para entrar en el Reino.
Cualquier cosa en la que creas puedes dudar de ella, y sólo la duda es
completamente indudable. En lo Desconocido reside la clase más profunda
de Conocer. E incluso tu confusión es vista con absoluta claridad, a
través de los ojos del amor incondicional».
Jeff Foster

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