HONRO TU MEMORIA. MI AMADO HIJO ADRIÁN. MI AMOR PURO Y VERDADERO. MI ÁNGEL DE AMOR Y LUZ. ERES AMADO


Nadie más conocerá la Fuerza y el Amor de mi Amor por Ti, después de todo, eres el único que conoce cómo suena mi corazón desde dentro.
Honro tu memoria, mi amado hijo Adrián, mi amor puro y verdadero.

Mi Ángel de Amor y Luz.

Eres Amado siempre.

Mamá



HONRO TU MEMORIA AMADO HIJO ADRIÁN TE ENVÍO LUZ Y AMOR

HONRO TU MEMORIA AMADO HIJO ADRIÁN

TE ENVÍO LUZ Y AMOR


EN TU MEMORIA MÍ AMADO HIJO ADRIÁN.

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GRACIAS




HIJO MIO ADRIAN. ERES AMADO


GRACIAS A TOD@S POR COMPARTIR

BENDICIONES

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❤❤❤☀❤❤❤☀❤❤☀❤❤Altar en memoria de mi amado hijo Adrián. Te envío Luz y Amor❤☀❤❤☀❤❤❤☀❤❤☀❤❤❤☀❤❤☀❤❤❤


“Perdónate por no saber lo que no sabías antes de aprenderlo

Adrián hijo mío amado, eres Luz y Amor puro y verdadero

La mariposa misma es el cambio, es un ser que mediante un duro esfuerzo atraviesa una larga y lenta metamorfosis para convertirse de oruga a mariposa. La mariposa es entonces un símbolo de evolución, de belleza, de gracia, de la naturaleza y de la vida misma, pasa de arrastrarse en la tierra a tocar el azul del cielo con una sensación de libertad y ligereza, su capacidad de transformación encarna los cambios, evolución y potencialidades del ser.
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La Transformación de mi hijo, me esta transformando a mi. Mi Amor puro y verdadero. Mi Ángel de Amor y Luz.
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lunes, 27 de agosto de 2018

Víctimas, no viciosos. Viaje al cerebro de un enfermo de droga dicción

Las Drogas Hackearon El Cerebro Humano

La mexicana Nora Volkow, bisnieta de Trotski y una autoridad mundial en adicciones, habla de sus revolucionarias investigaciones sobre la farmacodependencia. 

La investigadora Nora Volkow habló de sus revolucionarios estudios sobre farmacodependencia.
Nora Volkow tenía 4 o 5 años cuando, entre las plantas del jardín de su casa natal en Coyoacán, se sentaba a ver caminar las colonias de hormigas en fila india. Le parecía fascinante: su mente le decía que ese desfile no era casual.
Después, en su adolescencia, ella y sus tres hermanas pasaron muchas tardes guiando a visitantes por la casona. Era Ciudad de México y despuntaban los años 70. La vivienda era histórica: aquí habían asesinado, en 1940, a uno de los tres líderes de la revolución rusa. Nora creció con conciencia de venir de una familia protagonista de la historia: el líder asesinado era su bisabuelo León Trotski.
Desde que observaba hormigas y a la gente en la calle –le fascinaba la interacción humana–, Nora Volkow vio transcurrir medio siglo. Y hoy, a los 59 años, convertida en una de las grandes expertas en el estudio del cerebro y referenciada por muchos como la mayor especialista en adicciones del mundo, vuelve a su infancia para explicar su camino en la investigación.
“Por nuestra historia y la tragedia que mi familia vivió en Coyoacán, todos aprendimos que cada ser humano es responsable de sí mismo, pero también de la humanidad. Hacer ciencia es ampliar el conocimiento, y yo me propuse generar avances científicos no solo para Estados Unidos, no solo para México, sino para todo el mundo. El cerebro humano ha sido mi campo de estudio. Y hemos avanzado”, afirma.
En el 2007, Time la nombró entre las 100 personas más influyentes del planeta. Ese año, el editor de la revista, Richard Stengel, explicó: “Esta lista la componen personas cuyas ideas, ejemplo, talento y descubrimientos han transformado el mundo en que vivimos”. Ese mismo año, Volkow fue reconocida por Newsweek; en el 2009 y el 2011, por Washingtonian Magazine y, desde el 2000, por U. S. News & World Report.
Víctimas, no viciosos
Esta psiquiatra y neurocientífica, que trabaja en investigación de punta en Estados Unidos –a donde emigró muy joven en busca de su pasión, el estudio del cerebro–, es la cabeza del Instituto Nacional de Abuso de Drogas, en Bethesda (Maryland). Gracias a sus investigaciones, en las que ha invertido 30 años, está logrando cambiar los parámetros: hoy se sabe que los adictos a la marihuana, la cocaína, la heroína y otras drogas legales –así las califica ella–, como el alcohol y el cigarrillo, no lo son por su voluntad: diversas disfunciones de su cerebro no los dejan vencer su adicción. Se los considera enfermos. Y, dice Volkow, quien ha dedicado su vida profesional a estudiar los procesos cerebrales que juegan un rol en la adicción, es bueno que el mundo comience a mirarlos como víctimas, no como viciosos.
“El cerebro humano es mucho más complejo que el de los monos o los ratones, pero estos animales han ayudado a nuestras investigaciones. Descubrimos, por ejemplo, que la dopamina, un neurotransmisor cerebral, juega un rol esencial. Si comer un chocolate o aspirar cocaína por primera vez se siente como un estímulo placentero, el cerebro libera dopamina y activa los centros del placer. Si mañana nos repiten el estímulo, solo con mirar el chocolate o la cocaína sentimos el impulso y la liberación de la dopamina”, explica.
El cerebro, dice la doctora Volkow, crea automáticamente una memoria de liberación de dopamina ante un estímulo placentero. Y con solo volver a sentirlo o presentirlo (mirarlo, por ejemplo), bien sea alcohol, comida, sexo, cigarrillo o heroína, queremos probarlo de nuevo. Se trata de una química no solo del placer, sino también de la motivación humana, de un sistema inserto en el cerebro desde tiempos inmemoriales para perpetuar la especie. Así fue como la evolución aseguró la supervivencia del hombre.
Pero este mecanismo cerebral automático perdió la ruta en algún momento. “Nuestro sistema quiso asegurarse, en el plano evolutivo, de que el ser humano nunca dejara de perpetuarse. Por eso, la comida y el sexo son placenteros –arguye Volkow–. Pero las drogas esclavizaron el sistema y lo desnaturalizaron. Nuestro cerebro no se creó para que consumiéramos drogas, pero estas ‘hackearon’ el sistema y crearon la adicción. Cuando empecé a trabajar, en los 80, se sabía que todas las drogas activaban la dopamina, pero yo me pregunté por qué algunas personas probaban la cocaína y la dejaban, mientras que otras se convertían en adictos. La activación de la dopamina era idéntica en ambas, pero una caía y la otra no. Esta pregunta fue la base de mis investigaciones”.
Obsesionada, la experta se metió de lleno en el estudio del cerebro y sus procesos. Ella intuía que ahí estaba la respuesta a sus interrogantes sobre las adicciones.
“Si la curiosidad mató al gato, yo debería estar muerta. Desde que estudiaba medicina en México, me pregunté por el efecto de las drogas en el cerebro –cuenta–. Un día cayó en mis manos una revista científica que hablaba de imaginología, una tecnología que permitía estudiar el cerebro en personas vivas, algo jamás visto, inédito. Decidí irme a Estados Unidos, al laboratorio nacional de Brookhaven, en Long Island, a trabajar con esta nueva técnica. Ahí comencé mis investigaciones”.
Entonces tenía 23 años. Decenios de labor en Estados Unidos, donde se casó con un físico, le permitieron llegar a su principal hallazgo: Nora Volkow y su equipo de investigadores demostraron que la corteza frontal del cerebro de los adictos a drogas está dañada en distintos grados. Hasta que la mexicana lo dio a conocer –a la fecha ha publicado 600 papers y tres libros–, nadie le había dado importancia a la corteza frontal en las adicciones humanas.
“Hasta entonces, la corteza se reconocía como el área del cerebro donde se gestan el poder de decisión, los juicios y el pensamiento abstracto. Nuestras investigaciones permitieron caracterizar procesos de desajuste cerebral y reconocer que, en los adictos, la corteza frontal –que controla deseos y emociones– estaba afectada”, resume.
Con ese descubrimiento, la científica inauguró una nueva mirada sobre el camino de la adicción.
Obesidad y déficit de atención
“Lo central para nosotros ha sido entender los procesos que conllevan la pérdida de control en los adictos a las drogas. Cuando empecé a investigar, se pensaba que ellos elegían los narcóticos por placer. Yo demostré lo contrario. Al comprender que en todos ellos la corteza frontal del cerebro está dañada en diversos grados –la de un fumador no es igual a la de un heroinómano severo–, llegamos a la conclusión de que este enfermo no tiene la capacidad de controlar sus deseos y emociones. Por eso termina adicto”, agrega esta bisnieta de Trotski, reconocida como “una campeona en la integración de la ciencia a la medicina”, según un experto en drogas de la Universidad de Pensilvania, y como una “científica brillante”, según el director del Instituto de Dependencia Química Rothschild del centro médico Beth Israel, de Nueva York.
La curiosidad de Volkow ha extrapolado su trabajo a otras áreas, como la obesidad y el déficit de atención. Ella descubrió que hay rasgos comunes en obesos y adictos: ni unos ni otros quieren estar donde están, pero no pueden parar de consumir (narcóticos o comida). En los obesos, la corteza frontal tampoco funciona correctamente.
“Así es la ciencia. Un hallazgo puede conducirte a diversas áreas de investigación, y el conocimiento se va expandiendo”, celebra Nora.
Gracias al trabajo de esta neurocientífica y su equipo de investigadores, hoy la ciencia considera que un adicto no es un vicioso, sino un enfermo que necesita ayuda. “Aunque falta mucho, hemos logrado transformaciones. Por ejemplo, las aseguradoras de salud en Estados Unidos ya no pueden rechazar a estas personas”, subraya.
Volkow está logrando que se entienda que la adicción es una enfermedad del cerebro. “Si eres un adolescente que recién prueba una droga, aún puedes elegir. Pero en un adicto esta decisión se vuelve automática. Por eso siempre digo que una adicción es cómo manejar un auto sin frenos”, sostiene.
Y es aquí donde la herencia cumple un rol. Hay investigaciones que prueban que en la adicción al cigarrillo –que ella no cataloga como menor– la mitad de los casos se debe a causas genéticas. El tema está en estudio.
Mientras hace un alto en el quinto Seminario Internacional sobre los Efectos de la Marihuana, convocado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, se queja: “Ya el mundo no puede negar que la adicción es una enfermedad. En el pasado lo negaban porque nadie había estudiado el cerebro en humanos vivos. Sin embargo, el sistema médico no ha asumido la responsabilidad de los tratamientos y la evaluación de las adicciones. No está pasando como debería”.
En el Instituto Nacional de Abuso de Drogas de Estados Unidos, que esta científica y psiquiatra dirige desde el 2003, la mitad del millonario presupuesto va a becas de investigación sobre adicciones. En paralelo, ella prosigue su trabajo sobre el cerebro humano, que ha sido su fascinación desde que era una niña que observaba hormigas en su casa de Coyoacán.
“Hoy estudiamos la eficacia de nuestro cerebro para procesar información. También queremos saber cómo lo afectan las drogas, qué tan estable es, cómo cambia durante el día. Esto último me interesa porque el consumo de drogas está totalmente asociado con la hora: casi todos empiezan a consumir tipo 5 o 6 de la tarde. Está probado también en animales”, dice con pasión.
Impensable no preguntarle sobre la legalización de la marihuana en países de América Latina, como Uruguay.
“Si me baso en datos de morbilidad y mortalidad, el mayor efecto en el mundo es el de las drogas legales –responde–. En Estados Unidos, 440.000 personas mueren anualmente por tabaco y otras 100.000, por alcohol. Todas las drogas (ilegales) juntas matan a 40.000 al año. Si me pregunta si los países pueden solventar una tercera droga legal, creo que no”.
MARÍA CRISTINA JURADO
El Mercurio (Chile)


















miércoles, 8 de agosto de 2018

MI HIJO SUFRE ¿Y YO?

Los  problemas de los chicos no son independientes de nosotros, los padres . Por Jaguit Rabbi
Cada vez que subo a un avión camino a enseñar algo en alguna parte del mundo, rezo. Luego de la organización logística que implica para mi un viaje de este tipo (más allá del evento mismo, ocuparme de que mi pareja y mis hijos no mueran de hambre mientras no estoy, lo que significa preparar la heladera como si se aproximara una guerra) me tomo el tiempo suficiente para pedir al Creador solamente una cosa: la inspiración para llevar las fuerzas necesarias para renovar el alma de aquellas personas que estoy por conocer. Esta vez surgió en mi un rezo corto: “Dios, úsame.” Una versión personal de un rezo famoso de San Francisco de Asís: “Señor, hazme un instrumento de tu paz...” 
Y este rezo fue respondido en forma inesperada. No sólo me dio las palabras exactas para transmitir el seminario Gimnasio para la Vida en Europa sino también me dio una experiencia nueva como maestra: la capacidad de captar el mensaje del alma de un joven que ya no está en este mundo y transmitírselo a su madre.  
En el salón de Luxemburgo donde llevamos adelante el seminario, se sentaba justo frente a mí una mujer de unos cincuenta años que se presentó con lágrimas en los ojos: “Mi nombre es Andy, soy de Francia. Llegué a Luxemburgo hace seis meses para empezar mi vida de nuevo. Me separé hace no mucho tiempo y perdí un hijo. Mi hijo se suicidó hace un año.” 
Los que no sucumbieron en lágrimas ante el dolor de esta mujer, no pudieron evitarlo cuando llegó la última parte del seminario en la que se invitó a cada participante a escribir una bendición para sus hijos. Andy escribió la bendición para su hijo fallecido. Todos lloramos. Y yo supe que volvería a verla pero esta vez en un Encuentro Personal.
Cuando terminó el seminario y volví al hotel, le envié un mail y quedamos en reunirnos un día antes de mi viaje a Barcelona (el siguiente destino de Gimnasio para la Vida).
Nos encontramos en un café y ella empezó a contarme la historia de su vida: “Una semana antes de casarme, mi ex marido me puso contra la pared y con las manos alrededor de mi cuello, amenazó con estrangularme. Pero yo era muy joven y pensé que si tantas personas habían sacado pasaje para venir al casamiento, entonces ya era tarde para cancelarlo. Y así fue que me casé igual. Debido a mi educación católica, no tuve el coraje para siquiera pensar en divorciarme a pesar de que en nuestra casa reinaba la violencia. Y el que más la sufría era Saúl. Su padre lo maltrató físicamente pero sobre todo emocionalmente.” 
Luego de describir un episodio de mucha violencia, hizo una pausa para limpiar las lágrimas que inundaban su rostro y me dijo: “Vos sabes que en el nuevo testamento está escrito que lo que Dios unió, el hombre no puede separar. Y así fue que incluso después de eso, tampoco me separé.” 
Le pedí un minuto para explicarle el verdadero significado de esta frase, tal como lo enseña el autor de  El Mensaje del Grial. Cuando Jesús dijo esas palabras, se refería a una conexión entre dos almas que fueron destinadas una para la otra según un plan superior, un plan divino. Y cuando eso ocurre, queda automáticamente prohibido a terceros, interferir y causar la separación entre ellos. Por ejemplo, cuando los hijos eligen por amor, una pareja que no satisface las expectativas de sus padres, ya sea por motivos económicos, religiosos o los que sean. Los padres, según estas palabras, tienen prohibido interferir. 
Andy me miraba sorprendida y agregué: “El tema es que el mensaje de Jesús, que fue un mensaje espiritual, fue interpretado en forma material, intelectual y así lo que Dios unió se transformó en equivalente al poder de la iglesia y entonces quienes se casan a través de sus representantes, luego tienen prohibido separarse.” 
Largo silencio. 
“No sé de qué cultura venís vos, pero de donde yo vengo” siguió contando Andy “hay que trabajar mucho y ganar mucho dinero para poder tomar vacaciones caras, mandar a los chicos a un colegio caro, comprar ropa cara y por último ir a un hogar de ancianos caro. Y así, mi ex marido y yo trabajamos sin parar en trabajos bien pagos que requerían cambiar de país muy seguido. Mis otros dos chicos se adaptaron fácilmente a los cambios y al hecho de casi no verme. Pero Saúl era distinto. Era un niño muy sensible, un artista en esencia, y no sólo sufrió la falta de amor en el hogar sino también en la escuela. Los chicos lo maltrataban, no podía acostumbrarse a los distintos idiomas y con los días se fue volviendo un niño solitario y triste. A veces nos encontrábamos a la noche tarde, me abrazaba, me pedía que me quedara con él y me preguntaba si existía la posibilidad de que me separara de su padre. Pero yo tenía que trabajar y trabajar y trabajar… y no estaba ahí para él.” 
Las dos lloramos. 
¿Acaso hay algo más doloroso en esta vida que darte cuenta que no estuviste para tu hijo a pesar de que te lo pidió expresamente una y otra vez y ahora está muerto y no se puede hacer nada? ¿Cómo se puede seguir viviendo con ese peso sobre los hombros, con la culpa clavada en el alma día y noche? ¿Y qué palabras podía ofrecer yo para fortalecer el espíritu de esta mujer? 
“¡Dios úsame!” Recé sin voz. “Dame las palabras para consolar y fortalecer el alma de esta mujer tan miserable.” 
Y de repente palabras comenzaron a fluir a través mío. No fueron palabras recibidas a través de una inspiración. Fueron palabras que yo pude reconocer como palabras del alma de Saúl. 
“No te angusties. Yo vine a enseñarte que lo más importante en la vida es el corazón y el abrazo.”
Andy me miró asombrada. 
“¡No puedo creer lo que estás diciendo Jaguit! En la habitación de Saúl había un póster enorme que él colgó sobre la pared donde se veían todos los órganos del ser humano y en color rojo el corazón. Y arriba de todo estaba escrito: lo más importante en la vida es el corazón y el abrazo.”
Sí. Fue su alma que habló a través de mí. Yo volví a vaciarme toda para poder captar el mensaje que él quería trasmitir a su madre. 
“Yo vine a enseñar a toda la familia pero especialmente a vos mamá. A amar. Saber que lo más importante es el corazón, el abrazo. Lamentablemente no pude despertarte en vida y por eso mi muerte es un intento desesperado de enseñarte esta lección. Mamá, yo no pude seguir en mi camino y estoy atado a vos hasta que aprendas a conectarte con el corazón. No llores y no te angusties por mi partida. Abrí tu corazón para que una abundancia de amor pueda fluir a través tuyo hacia quien más lo necesita. Si lo logras, mi muerte no habrá sido en vano y mi alma va a poder ser libre y feliz. “
Andy temblaba. 
Yo traté de explicarle las palabras de Saúl: “Entre padres e hijos hay un pacto de almas, tal como expliqué en el seminario cuando llegamos al ejercicio 10 en Gimnasio para Padres. ¿Sabes cuál es la diferencia entre un pacto y un contrato?” le pregunté. Movió su cabeza como diciendo que no. “Cuando se firma un contrato, cada una de las partes puede rescindir el contrato si éste ya no le resulta útil. Pero en un pacto, no. En un pacto, cada uno es garante de la felicidad del otro y ambos están dispuesto a tomar sobre sí mismos un sufrimiento si fuera necesario, para que su socio-aliado despierte.” 
Andy me seguía con atención entonces continué: “El pacto más sagrado es el que existe entre los hijos y sus padres. Porque las leyes de la reencarnación no permiten ninguna casualidad respecto de la elección del alma en el período de gestación. Es por eso que cuando un niño percibe de manera inconsciente que sus padres no están donde tienen que estar en la vida, es capaz de tomar para sí una determinada dificultad (de salud, social, en la escuela) para despertarlos. En esa dificultad, él hace de espejo para sus padres. Si los padres se atreven a verla como algo propio y se hacen cargo, en lugar de tratar al niño o castigarlo, la dificultad desaparece sola.”
Lagrimas. Muchas lágrimas.     
“Andy, te prometo que algún día vamos a estudiar juntas por qué el alma no deja de existir después de la muerte. Pero ahora lo importante es que entiendas que el alma de Saúl sigue poniéndote un espejo. ‘Lo más importante es el corazón.’ No sigas con el duelo, no te culpes a ti misma y no sigas trabajando como loca para tratar de olvidar el dolor. Porque si haces eso, su muerte habrá sido en vano. Pero si la tomas como el regalo más grande que alguien le puede dar a tu alma y creces hacia el amor, los dos tendrán una redención.”
“¿Cómo?” Dijo Andy entre esperanzada y desesperada. 
“Escucha tu corazón. Él va a saber guiarte. ¿Te acuerdas lo que paso el sábado al final del seminario?”
“¡Obvio!” Me respondió de inmediato. “Me senté justo cerca de Haled, el chico que se escapó de Siria y que justo tiene la edad de Saúl. Yo pensé que él está acá sin mamá y yo estoy acá sin hijo y quizá nos podemos ayudar. Quizá no es casualidad.”
“Exactamente Andy. Nada es casualidad. De aquí en adelante la vida te dará reiteradas oportunidades para abrir tu corazón. Para amar. No las pierdas. No decepciones a Saúl.” 
“No lo voy a decepcionar” me dijo. “Lo prometo.” 
“Disculpen, ¿quieren pedir postre?” Preguntó el mozo algo incómodo.
“No, gracias.” Dijimos las dos al mismo tiempo.
Andy sacó de su cartera una foto de Saúl y me la dio. 
“Jaguit, quiero que la tengas vos. A lo mejor si escuchas algo más de él, ¿me escribís?”
No tenía palabras, sólo lágrimas.
“Sabes” me dijo “el día del cumpleaños de Saúl, después de su muerte, decidí finalmente separarme de su padre. Y cuando escribía la carta de despedida sentí que alguien me dictaba. Le escribí que lo perdono, que no quiero vivir en rencor y que le deseo a él y a todos los integrantes de nuestra familia que encuentren paz y amor. ¿Piensas que a lo mejor fue Saúl quien me ayudo?” 
Sonreí.
Justo antes de despedirnos me miró y me dijo: “no sabía por qué elegí venir a vivir a Luxemburgo. No tenía ninguna razón en particular. Simplemente escuché mi corazón... o a Saúl.” Se rió. “Pero ahora sé que llegué acá para encontrarme con vos.”
La felicidad de mi alma era suprema porque como dice el refrán: “salvar un alma es como salvar al mundo entero.”
En GIMNASIO PARA LA VIDA aprendemos a tomar conciencia de que los problemas de nuestros hijos tienen todo que ver con nosotros, los padres.
Fuente: http://www.elproyectoalma.com/articulo/mi-hijo-sufre-y-yo-28

sábado, 18 de marzo de 2017

RELACIONES ENTRE PADRES E HIJOS


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Cuando se tienen hijos pequeños, se les debe dar ayuda, orientación y protección en la medida de lo posible, pero lo más importante es darles espacio para ser.
Los hijos llegan al mundo a través de nosotros, pero no son "nuestros".
La noción de "Sé lo que es mejor para ti" puede ser cierta cuando son muy pequeños, pero mientras más crecen, más pierde validez.

Con el tiempo cometerán errores y tendrán sus aflicciones, como todos los seres humanos. En realidad, podrán ser errores solamente desde nuestro punto de vista. Lo que vemos como error podría ser exactamente lo que necesitan hacer o experimentar.
Debemos darles tanta ayuda y orientación como podamos, pero debemos permitirles cometer errores, en especial cuando comienzan a entrar en la edad adulta. En ocasiones también debemos dejarlos sufrir.

¿No sería maravilloso si pudiéramos ahorrarles todo ese sufrimiento?
Claro que no. No evolucionarían como seres humanos y permanecerían en la superficie (inconscientes), identificados con la forma externa de las cosas.
El sufrimiento nos ayuda a adentrarnos en nosotros mismos.

Cuando ellos sufran, podemos enseñarles a permanecer presentes y explicarles que su sufrimiento es producto de su mente (ego). Que observen ese dolor, sufrimiento, sin identificarse con él. Siendo los espectadores de si mismos.
La humanidad está destinada a trascender el sufrimiento, pero no de la manera como piensa el ego.

El propósito del sufrimiento es promover la evolución de la conciencia y trascender el ego.

El proceso se hace más lento en la medida en que nos resistimos al sufrimiento. Sin embargo, cuando aceptamos el sufrimiento se acelera el proceso gracias al hecho de sufrir conscientemente.

La transmutación ocurre cuando somos conscientes del sufrimiento.
Debemos acoger (aceptar, abrazar) el sufrimiento para poder trascenderlo.

Eckhart Tolle

Vídeo de Eckhart Tolle: "Practicando la presencia con unos padres difíciles":


martes, 21 de febrero de 2017

SI, PUEDO DECIR NO: ENSEÑE A SUS HIJOS A SER ASERTIVOS



De gran utilidad para padres y educadores. En un mundo difícil para los jóvenes, ¿cómo decir no a los hijos?. ¿Cómo conseguir que ellos mismos se independicen del lastre de un entorno que parece invitarlos a un camino equivocado, con apariencia de normalidad?. Por el autor de Cuando digo no, me siento culpable .

Libro de Manuel J. Smith

Si puedo decir no: ENSEÑE A SUS HIJOS A SER ASERTIVOS

https://www.edicionesobelisco.com/files/articulo/pdf/20141006103708.pdf

lunes, 20 de febrero de 2017

RELACIONES ENTRE PADRES E HIJOS

Cuando se tienen hijos pequeños, se les debe dar ayuda, orientación y protección en la medida de lo posible, pero lo más importante es darles espacio para ser.
Los hijos llegan al mundo a través de nosotros, pero no son "nuestros".
La noción de "Sé lo que es mejor para ti" puede ser cierta cuando son muy pequeños, pero mientras más crecen, más pierde validez.

Con el tiempo cometerán errores y tendrán sus aflicciones, como todos los seres humanos. En realidad, podrán ser errores solamente desde nuestro punto de vista. Lo que vemos como error podría ser exactamente lo que necesitan hacer o experimentar.
Debemos darles tanta ayuda y orientación como podamos, pero debemos permitirles cometer errores, en especial cuando comienzan a entrar en la edad adulta. En ocasiones también debemos dejarlos sufrir.

¿No sería maravilloso si pudiéramos ahorrarles todo ese sufrimiento?
Claro que no. No evolucionarían como seres humanos y permanecerían en la superficie (inconscientes), identificados con la forma externa de las cosas.
El sufrimiento nos ayuda a adentrarnos en nosotros mismos.
Cuando ellos sufran, podemos enseñarles a permanecer presentes y explicarles que su sufrimiento es producto de su mente (ego). Que observen ese dolor, sufrimiento, sin identificarse con él. Siendo los espectadores de si mismos.
La humanidad está destinada a trascender el sufrimiento, pero no de la manera como piensa el ego.

El propósito del sufrimiento es promover la evolución de la conciencia y trascender el ego.

El proceso se hace más lento en la medida en que nos resistimos al sufrimiento. Sin embargo, cuando aceptamos el sufrimiento se acelera el proceso gracias al hecho de sufrir conscientemente.

La transmutación ocurre cuando somos conscientes del sufrimiento.
Debemos acoger (aceptar, abrazar) el sufrimiento para poder trascenderlo.

Eckhart Tolle